Con un cuento…

Con un cuento se despierta el asombro, se esboza una sonrisa, se derrama una lágrima… con un cuento se cambia el mundo, el tuyo, el mío, el nuestro… con un cuento…

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Hasta cuándo...

Hasta cuándo…

Conocí a un señor, y a la señora, que eran amantes el uno del otro.
Por supuesto les costaba llevar adelante esta situación, sin que los cónyuges respectivos se enteraran, pero no lo hacían mal.
Un día decidieron que no era vida el estar siempre mintiendo, arriesgando excusas poco creíbles y viviendo un amor casi infinito, pero a ocultas.
–Hablemos con el cura —dijo ella.
Él no estaba muy convencido, pero aceptó.
Por fin se presentaron y blanquearon la situación, al menos ante quien les parecía un mensajero de Dios.
Los dos se fueron tranquilos. Ambos decidieron recomenzar, pero no era fácil. No se guardan con facilidad, en el recuerdo, veintisiete años de doble vida.

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Tesoro

Tu hora

Cuando, familiares, amigos y enemigos, pasaban por casa y la veían, siempre hacían algún comentario. A mí, desde que tengo memoria, me resultaba normal encontrármela en la cocina, o en el living, según los días o épocas del año. Después, me enteré de que se trataba de lo más valioso que había en la familia. Fue compañera inseparable de mi bisabuelo, pero pasó a un segundo plano cuando llegaron los hijos.

Años más tarde mi abuela fue la que más la cuidó. Incluso, la llevó consigo a vivir con nosotros. Mis tíos-abuelos también la querían, pero no les importaba tenerla cerca. Más tarde, fue mi padre el que tomó el relevo y se ocupó de que no claudicara.

“¡Es de las que funciona a transistores!”, decían algunos con tono de burla. Pero lo cierto es que ahí estaba y no paraba de hablar. ¡Una auténtica joya! ¡Una reliquia! Hasta hace pocos años, en parte, me llegó el turno y procuré que continuara en pleno funcionamiento. Hoy, se apagó por completo. ¡Te extraño, bisabuela querida!

¿Amstetten queda en la Argentina?

No hace mucho, todos nos hemos horrorizado con la noticia del “monstruo de Amstetten“, ya que nadie que se diga civilizado -con todo lo que esto de madurez y responsabilidad implica- puede aceptar tal perversidad y maldad de un ser humano hacia otro, menos aún cuando la víctima es sangre de tu sangre. Sin embargo, creo que la mayoría de los argentinos estamos siendo víctimas de aquellos que se dicen veladores de nuestro estado de bienestar, y con aires de “paternidad responsable” nos encierran en un sótano para que no veamos bien la realidad verdadera y se nos ultraja una y otra vez, queriendo que lleguemos al convencimiento de que este “sótano” en el que estamos encerrados es nuestra única y verdadera realidad. Casi dan ganas de enfermarse para que se apiaden de nosotros y nos dejen salir e ir al hospital y tal vez así por fin podamos ver que existe más que un lugar donde nos tienen encerrados.

Todos somos conscientes de que nuestro país tiene muchas posibilidades, que puede crecer y ser grande; no hace falta más que mirar cómo en poco más de cinco años, tras la gran crisis que sufrió el país, nuestra querida patria celeste y blanca, con gente que le puso el hombro, se levantó y volvió a respirar aire de la superficie. Y cuando la esperanza comenzaba a echar raíces en nuestros corazones, nuevamente nos vemos embarazados por quienes quieren encerrarnos y no dejarnos ver la realidad.

Ciertamente estamos sufriendo un conflicto grave al cual titulamos retenciones y campo, y esto ha generado más que preocupación en todos los argentinos, ya que nuevamente comienzan a aparecer las desconfianzas, los egoísmos, las profecías nada halagüeñas, el miedo a lo que puede pasar, y lo que es peor, parece que se instala nuevamente la desesperanza. Y si bien parece que a muchos nos agarra de lejos todo esto, no porque no suframos las consecuencias de todo este problema, sino porque no tenemos posibilidad de decisión o no se nos retiene nada directamente, sin embargo, creo que debemos luchar por no quedarnos en este encierro, por ver la luz del día con claridad y amplitud y por lo tanto decirle a nuestros gobernantes que ya es hora de que se den cuenta de que no pueden encerrarnos en un zulo, que somos lo suficientemente maduros y adultos como para ver y evaluar lo que se nos dice.

No estamos ciegos y los mandatarios de turno no pueden pretender que nos creamos que no hay casi inflación (el INDEC dice que en abril sólo hubo un 0,8) cuando en realidad vemos que las cosas cada día están más caras; no nos pueden decir que la pobreza es cada vez menor cuando vemos cientos de personas que viven en condiciones degradantes e indignas de cualquier ciudadano de este país que se jacta todavía de que fue, y que todavía puede ser, el granero del mundo; no pueden querer que nos creamos que el desempleo ha bajado cuando vemos muchísimas personas clamando por un poco de pan y por trabajo; no pueden pretender que creamos que las cosas están estupendamente cuando vemos que se “apura” a muchos, empresarios especialmente, para que den lo que casi ya no tienen y así aparentemente todo está bien como siempre; no puede ser cierto que quieran que creamos que todo va bien cuando la única política, cuando de diálogo se habla, es la del descrédito -el otro miente porque yo digo que es un mentiroso, y digo que es un mentiroso porque me conviene, así me creen a mí-; y así podríamos seguir enumerando muchas más cosas que no hacen más que confirmar que este gobierno quiere convencernos de que vivir en este encierro y encima violados es lo mejor que tenemos y que nos puede pasar.

Una actitud más abierta y sincera sería mejor para todos, no sólo para resolver los conflictos agropecuarios; una postura no tan patotera sería mejor aún, así que señores (me excedo en el título) D’Elia y Moreno, sepan que no los queremos así y que no vamos a llegar a ningún lado de ese modo. Por favor Señora Presidenta, aleje a estos energúmenos y cerriles de entendedera de su lado, no hacen más que embarrar más todo y anular toda posible solución, a menos que Ud. esté de acuerdo con todo esta forma de proceder y le convenga tenerlos cerca para no tener que ser Ud. la que intimide a todos a hacer de todo esto un unitarismo inútil y estéril. La democracia está malherida desde hace un tiempo. Sólo pueden hablar unos, y los otro acatar y callar, de lo contrario se los “elimina”, se los desacredita, se los ignora.

Es hora de que los argentinos demos señales desde este encierro en el que nos quieren dejar, que procuremos salir a la luz y que veamos nuestra realidad, que se enteren los señores gobernantes que no nos dejamos violar más, que no vamos a dar a luz los hijos que ellos quieren, a su modo, que es necesario que se diga la verdad, porque de ese modo vamos a buscar todos la solución con mayor precisión y seguramente podremos salir adelante con el beneficio para todo el pueblo y no sólo para unos pocos, que después de vejarnos se van a levantar y se van a ir a buscar mejor vida en otro lugar habiéndonos quitado nuestra dignidad. No esperemos a “enfermarnos” para salir a buscar un médico y entonces darnos cuenta de la realidad que estaba vedada a nuestros ojos y conocimientos; hagamos medicina preventiva y abramos los ojos y la conciencia a nuestra verdad y tal vez así no llegaremos al punto, otra vez, de estar en terapia intensiva, rogando a Dios por nuestra patria.

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