Con un cuento…

Con un cuento se despierta el asombro, se esboza una sonrisa, se derrama una lágrima… con un cuento se cambia el mundo, el tuyo, el mío, el nuestro… con un cuento…

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Treinta

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Querida Andrea
Siempre fiel a tus costumbres, acabas de abrir el lugar que ha guardado mi secreto tanto tiempo. No puedes menos que sorprenderte al ver que conocía tu hábito de venir a revisar, cada año, lo que había quedado olvidado en un lugar como este, poco apreciado por los que conozco.
Espero que hayas encontrado las cosas como imaginaste, aunque el tiempo siempre puede sorprendernos con lo que parece ya olvidado. El año pasado no te fue bien, y aquél anillo de oro no estaba donde esperabas. Te quedaste tan ofuscada que no querías hablar con nadie, aunque, con cierto disgusto, lo mismo me cuidabas. Antes, creo que hace tres años, tuviste mejor suerte, porque no sólo te quedaste con aquella cadena y medalla de oro de tu abuela, la que tu madre mencionara en más de una ocasión. Esperaste tu tiempo y fuiste por lo que decías que te pertenecía. Y no sólo te llevaste tu tesoro sino que, además, saliste luciendo una preciosa pulsera. Ciertamente no de mucho valor, pero a ti te quedaba increíblemente bien.
Sabía que ibas a venir. Ahora habrá muchos interrogantes en tu cabeza. Tal vez te preguntes cómo es que conocía lo que nunca le contaste ni siquiera a tu mejor amiga. Ella tenía sus argumentos y siempre le resultó extraño tu suerte de hallar cosas de los que se habían marchado. Y, por mi parte, sólo te digo que nunca fuiste tan discreta como creíste. Esto, más mi curiosidad obsesiva, me hicieron descubrir tus estudiados pasos, hasta obtener lo que querías. El ser tan sistemática en las preguntas sobre nuestros familiares y el verte pasar horas mirando fotos de la familia, despertaron mis sospechas.
No te culpo de nada. Lo tuyo es una manera buena de hacer fortuna. Pero en este caso, tendrás que conformarte con esta carta. Mis joyas, esas que tanto te gustaban, se las di a Matilda. Tú ya tienes bastante y a la pobre apenas si le alcanza para vivir.

Andrea no pudo seguir leyendo. Dobló el papel amarillento, lo metió en el sobre y se lo entregó a quien la observaba y esperaba en silencio.
—Señora, ¿Qué debo hacer con esto?
—Haga lo mismo que hará con esa que tiene delante, y que se guardó sus letras en tinta negra durante treinta años, aún después de muerta.

Curioso

Te besé, sólo para saber qué gusto tenían tus labios. Siempre los vi rosados y carnosos. Tenía que saber cómo eran al tacto o, más bien, al contacto con los míos.

Éstas son las cosas que hice y que siempre haré en mi vida. Dejarme llevar por la curiosidad. Primero fue probar a qué sabían la tierra, las hormigas y las hojas. Mi madre me salvó de toda posible intoxicación. Después empecé a saborear líquidos de todo tipo y colores. Mezclas que se me ocurrían a la hora de la siesta, cuando todos me creían dormido. Orina rebajadita con soda, aceite con témpera y un poco de sal, jugo de naranja con vinagre, agua del inodoro. Ésta era igual que la de la mesa a la hora de comer. Y en esto nadie puede decir que miento, si no pregúntenle a mi hermana y a mis padres si notaron diferencia aquella cena de viernes.

Así fui creciendo, con experimentos y curiosidad insaciable. También intenté darle la mano, o el dedo, a la electricidad, al martillo y a la abrochadora. Pateé sapos con los pies descalzos y me senté en un hormiguero. Me quedaron muchos recuerdos en el anverso medio de mi cuerpo. Quemarme el pelo y un poco las manos fueron el resultado de querer saber cómo eran los olores de la humanidad en llamas, en esa época había leído algo de los campos de exterminio.

Pero hasta ahora no había descubierto lo sabroso de los labios. O debería decir de tus labios. Son los primeros que besé y me ha gustado. Creo que fue como comer una fruta dulce. Madura. Con más vida que una cereza. Me supieron a miel y almíbar con crema pastelera. Descubrí que la torta que habías pedido era más rica que la mía.

Estoy esperando que nos volvamos a ver. Quiero intercambiar sabores de tortas una tarde entera.

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