Con un cuento…

Con un cuento se despierta el asombro, se esboza una sonrisa, se derrama una lágrima… con un cuento se cambia el mundo, el tuyo, el mío, el nuestro… con un cuento…

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Reyes

Corona y espada de Rey

Coronar a…

Cuentan que en un lugar lejano, tal vez por algunos conocido, pero que casi nadie visitó, había un Rey. Siempre daba órdenes y nadie se atrevía a contradecirlo. No era un mal hombre, pero tenía un carácter de los que te hacen dudar antes de hacer una broma cualquiera, o contar un chiste. Había días que no hablaba casi nada. Tal vez porque llevar adelante un reino requiere ser precavido en la toma de decisiones.

Es verdad que no tenia muchas dificultades internas y tampoco con otros pueblos. La última vez que hubo un conflicto con un reino vecino, resolvieron la disputa con un torneo de caballeros con armaduras y armas simuladas y corteses, para que nadie saliera herido. Por supuesto, este gran Rey del que estamos hablando, salió victorioso, gracias a sus hombres más valientes y con mejor destreza para la lucha.

Un día, aquél Rey, ordenó que se hicieran tantas coronas como habitantes tenía el reino. Algunos pensaron que había enloquecido. Tal vez desea ejercer tanto su poder —comentaban— que necesita una corona para usar delante de cada uno de sus súbditos. Unos pocos prefirieron no cuestionar, ya que para eso era el Rey, y podía hacer lo que le viniera en gana. Los días pasaron y por fin los orfebres terminaron la última corona necesaria.

Entonces todo el pueblo fue convocado a las puertas del palacio. Salió el Rey al gran pórtico y se detuvo, vistiendo su mejor traje de gala. Observó por un rato a todos los que esperaban saber qué iba a suceder. Mientras, entre la gente y su majestad, había largas mesas llenas de coronas. Todas iguales. Brillantes, como las del propio Rey. Éste se acercó a ellas y tomó la primera que tuvo a mano. Llamó al súbdito que tenía delante y éste se acercó. Nadie entendía nada. Incluso aquél hombre, casi un anciano, al ver lo que el Rey pretendía, se resistió y no quiso recibir la corona. Pero el Rey insistió y, con una mirada firme y decidida, le indicó que inclinara la cabeza. Así, sin mediar palabras o explicaciones, todos fueron coronados. Finalmente el Rey habló.

—Queridos hijos. Hace muchos años que vengo siendo vuestro Rey, pero no fue hasta ahora que entendí cómo hacer de este reino un reino mejor. A partir de este momento, todos somos Rey.

El bullicio no se hizo esperar. Para algunos se confirmaba el diagnóstico de demencia. Otros no hicieron más que reír. Pero el Rey continuó.

—Algunos dirán que enloquecí, pero no es eso. Es que ahora, si cada uno de vosotros se siente Rey y siente suyo este reino, confío en que también querrán lo mejor para él, como han visto que he pretendido. Si trabajan, trabajan para su reino y no para el Rey. Como buenos reyes, entonces, buscarán el bien común y no el beneficio propio. Lucharán por defender su territorio y serán capaces de hasta dar su vida por él. Nadie será esclavo ni súbdito de nadie, aunque todos siempre tendrán a un Rey al lado a quién atender. Y actuarán según se exige a los reyes.

Al principio nadie sabía qué hacer, pero poco a poco todos se lo tomaron muy en serio. Si alguien pretendía empezar a demandar atenciones de otro, caía en la cuenta de que ese otro también era rey y por lo tanto había que servirle antes que pretender ser servido. Todos reyes y todos súbditos, unos de otros.

Así es como un reinado se convirtió en muchos, para ser, al final, uno solo lleno de reyes.

Retorno


Hace un par de días leí una pequeña reflexión de Alejandro Roztchne, llamada Ojos del pasado. Ciertamente me dejó pensando en algunas cosas, más bien en algunas de mis cosas. Siempre busco ser una persona actual, o al menos pretendo vivir sin aferrarme a formas pasadas simplemente porque, consciente o inconscientemente, uno termina pensando que todo tiempo pasado fue mejor. Pero la lectura del post al que hago referencia me ha vuelto a poner en la necesaria revisión de si es cierto que no estoy atrapado en formas y modos antiguos, porque me resulta más fácil y conocido que intentar maneras nuevas.

Es así que, pensando (a veces hago estas cosas), he llegado a las siguientes (no últimas) conclusiones:
  • Es necesario conocer gente nueva siempre.
  • Hay que hablar con extraños.
  • Hay que alejarse de aquellos lugares o personas negativas o ancladas en el pasado (aunque sean recién conocidas).
  • Intentar hacer actividades diferentes y desafiantes.
  • Leer un libro (al menos) cada mes.
  • Darse la oportunidad de escuchar música “nueva” (me doy cuenta de que hago compilados de canciones pasadas que me dan gusto y puros recuerdos). Esto sin cercenar la posibilidad de cantar lo que aprendí hace diez años.
  • Vestirse con más colores.
  • Trasnochar más veces.
  • Actualizar este blog más asiduamente.
No es la receta perfecta, pero a mí por ahora me vale. Dejo abierta esta entrada para agregar más cosas que me ayuden a vivir el presente con mayor intensidad, usando bien lo que aprendí en el pasado, a ver si así mi futuro (que se hará presente) lo encuentro todavía más pleno.

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