Con un cuento…

Con un cuento se despierta el asombro, se esboza una sonrisa, se derrama una lágrima… con un cuento se cambia el mundo, el tuyo, el mío, el nuestro… con un cuento…

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Curioso

Te besé, sólo para saber qué gusto tenían tus labios. Siempre los vi rosados y carnosos. Tenía que saber cómo eran al tacto o, más bien, al contacto con los míos.

Éstas son las cosas que hice y que siempre haré en mi vida. Dejarme llevar por la curiosidad. Primero fue probar a qué sabían la tierra, las hormigas y las hojas. Mi madre me salvó de toda posible intoxicación. Después empecé a saborear líquidos de todo tipo y colores. Mezclas que se me ocurrían a la hora de la siesta, cuando todos me creían dormido. Orina rebajadita con soda, aceite con témpera y un poco de sal, jugo de naranja con vinagre, agua del inodoro. Ésta era igual que la de la mesa a la hora de comer. Y en esto nadie puede decir que miento, si no pregúntenle a mi hermana y a mis padres si notaron diferencia aquella cena de viernes.

Así fui creciendo, con experimentos y curiosidad insaciable. También intenté darle la mano, o el dedo, a la electricidad, al martillo y a la abrochadora. Pateé sapos con los pies descalzos y me senté en un hormiguero. Me quedaron muchos recuerdos en el anverso medio de mi cuerpo. Quemarme el pelo y un poco las manos fueron el resultado de querer saber cómo eran los olores de la humanidad en llamas, en esa época había leído algo de los campos de exterminio.

Pero hasta ahora no había descubierto lo sabroso de los labios. O debería decir de tus labios. Son los primeros que besé y me ha gustado. Creo que fue como comer una fruta dulce. Madura. Con más vida que una cereza. Me supieron a miel y almíbar con crema pastelera. Descubrí que la torta que habías pedido era más rica que la mía.

Estoy esperando que nos volvamos a ver. Quiero intercambiar sabores de tortas una tarde entera.

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