Con un cuento…

Con un cuento se despierta el asombro, se esboza una sonrisa, se derrama una lágrima… con un cuento se cambia el mundo, el tuyo, el mío, el nuestro… con un cuento…

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Ella


Casi nunca caigo en la cuenta, pero ella siempre me ha sido fiel. Yo no le hablo ni la escucho, la piso y no se queja, me separo de ella en la oscuridad y no la extraño y en cuanto salgo a la luz ahí está, siempre me está esperando y sin decir palabra se pone a mi lado y me acompaña.

Es verdad que a veces se agranda y eso hasta me alegra porque me ilusiona con que soy más alto, pero también se venga de mi indiferencia y hace que me vea insignificante, entonces la ignoro a conciencia.

Ella me conoce bien y sabe cómo soy, si estoy gordo o si pude adelgazar, sabe si me he peinado o si me puse una gorra para disimular las canas o los pelos de punta; incluso sabe si voy abrigado o sin camisa.

Mi sombra es increíble, siempre estuvo conmigo, desde que nací y creo que siempre estará mientras me mueva en esta tierra y no me guarden en la oscuridad de un ataúd.

Mi sombra me asombra, no sé bien quién me la dio, pero que está y es mía es una verdad como que estoy respirando.

Pongamos que hablo yo de ti

Sí, ya sé… hace varios días que no escribo nada en este blog, y para ser un blog que se precie, tal vez debería tener entradas más seguidas… pero en fin, vamos a hacerle el honor hoy mismo.

Ciertamente el escuchar una canción (creo que es de Joaquín Sabina) que se llama Pongamos que hablo de Madrid, que bien pueden observar que ha inspirado el título de esta entrada (en parte, claro está); me hace pensar que la mayor parte del tiempo la pasamos hablando de muchas cosas, de muchas personas, y esto último en el mejor de los casos. Digo en el mejor de los casos porque los que se pasan el tiempo hablando de ellos mismos son insufribles, o inconvivible (que no se puede vivir con ellos, quiero decir) aunque tal vez también sean insustituibles.

Digo yo Pongamos que hablo yo de ti porque es más fácil hablar del otro, de sus defectos y virtudes, que hablar de nosotros mismos, si es que no queremos caer en la pesadez que supone el hablar todo el tiempo de uno mismo, también con defectos y virtudes. Y los psicólogos dirían que todo esto no es más que una proyección (el hablar de uno pero refiriéndose a los demás) y puede que tengan razón, pero al mismo tiempo creo que podemos sacar algo bueno de todo esto.

Es verdad que hablar de los otros, como si bajo un microscopio los tuviéramos, puede resultar cansador para los otros, pero cierttamente puede ser beneficioso para nosotros si no sólo nos quedamos en eso, en el análisis de los otros y nada más. De todo esto hay que aprender. Es mejor, ciertamente, no estar evaluando a los demás continuamente, pero si caemos en ello, al menos aprendamos.

Todo eso que a lo mejor vemos, bueno o malo, en los demás, es probablemente también parte de lo que somos nosotros. Bien podemos pensar que los defectos que vemos en el otro, precisamente no me gustan porque seguramente me están recordando los míos. Y las virtudes del otro, es probable que sean un reflejo de lo que yo también tengo o, al menos, deseo tener de bueno.

Es así que la idea es aprender que esos defectos que el otro tiene, y que no me agradan, a cualquier otra persona, muy probablemente, tampoco le gustará verlos en mí; y en cuanto a lo bueno, sí puede que sea necesario que se afinque en el ser de mi persona. De manera tal que tenemos que podar, en nosotros, los defectos del otro y al mismo tiempo debemos cultivar las cosas buenas que también puede tener aquél que tenemos en observación.

De Mendoza al Cielo

Ya tarde por la noche me decido a escribir… es que parece que en ocasiones tienes mucho que contar, pero en otras no tienes tiempo para hacerlo o crees que no tienes nada qué contar… últimamente parece que esto de la falta de tiempo y de no tener nada qué contar me ha pasado… ahora será tiempo de continuar…

A mediados de Julio (2007) me fui a Roma… precioso… luego Madrid… mi querido Madrid… y quiero a Madrid por la gente que contiene, aquellos que echo de menos y que aproveché para verlos y charlar con ellos… luego vuelta a mi patria, Argentina… Ya en Mendoza, que me va conquistando el corazón, todo parece que vuelve a la normalidad, pero no hace mucho de vuelta fuera, rumbo a Salta, mi tierra natal, primero a un curso de formación, luego un segundo viaje, a un encuentro con Jesús…

Hoy estoy de vuelta en Mendoza, y hago mío el dicho de los madrileños… De Madrid al Cielo, y yo digo De Mendoza al Cielo… ¿Por qué? Primero porque me da la gana, segundo porque creo que es posible hacer un mundo mejor, y si se logra hacer comenzando por Mendoza, no te queda más que pensar que vas a tocar el cielo con las manos… tercero, Mendoza tiene un sabor especial, agradable, y bien podríamos decir con Borges que: El sabor de la manzana está en el contacto de la fruta con el paladar, no en la fruta misma… así hay que conocer y degustar a Mendoza y su gente… montañeses misteriosos al principio, pero luego personas atentas y generosas… no queda más que volver a afirmar que de Mendoza al Cielo…

Para finalizar les dejo unos versos que escribí… cuándo, cómo y por qué… se los contaré en otro momento…

Cómo decirte que te quiero
de Eduardo D. Rodríguez G.

Cómo decirte que te quiero
cuando tu abrazo aquí no siento
cómo expresarte lo que siento
si tu olor se lo ha llevado el viento.

Cómo entender que aquí ya no te tengo
cuando anclado te veo en mis recuerdos
que aunque quiero arrancarte de mis sueños
el calor de tu mirada se grava en mis adentros

Es así como me encuentro
frágil, mudo, en este encierro
de los gritos de mi silencio,
de este amor que a ti profeso

Ciertamente es la memoria
la que ahoga el sentimiento
de saber que ya no estás
y que sigues aquí dentro

Quiero verte aquí a mi lado
y sentir que no es un sueño;
que en vida y ya despierto
este amor es lo que siento.

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